>Dolor

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Los problemas del dolor empiezan con la definición consensuada por la IASP (International Association for the Study of Pain):


«Dolor es una experiencia sensorial y emocional desagradable, asociada a daño tisular actual o potencial o descrita en términos de dicho daño»

Cualquier experiencia sensorial y emocional desagradable encaja en esta (in)definición.

Dado que es manifiestamente mejorable, es lícito proponer otras. Esta es la mía:

«El dolor es una percepción asociada a daño necrótico consumado, inminente o imaginado y que incita al individuo a una conducta de evitación»

Evolutivamente aparece la percepción de dolor asociada a los sucesos consumados de destrucción violenta de tejido (necrosis) o al contacto con los agentes y estados capaces de producirla (necrosis inminente). La cualidad perceptiva del dolor fuerza a una conducta de evitación: de alejamiento si el agente necrotizante es externo o de quietud si el problema es interno.

El objetivo de toda percepción es la promoción de una conducta. Si esta es obedecida la percepción se debilita. El hambre, la sed, el mareo, el cansancio y el picor ceden y/o desaparecen tras comer, beber, agarrarnos, descansar y rascarnos. La desobediencia a la propuesta conductual de la percepción la intensifica.

El dolor se alivia si se elimina el agente o estado causante del daño necrótico y se respetan las limitaciones impuestas por el proceso de reparación tisular. Las terapias analgésicas consiguen su eficacia distrayendo la atención con otros sucesos o saboteando la transmisión de señal nociceptiva del foco necrótico activo o en reparación, es decir, engañando al cerebro a la baja sobre el estado de la lesión.

En el daño necrótico imaginado el dolor cumple la función de eliminar conductas que aumenten la probabilidad de dicho daño… desde la perspectiva del organismo. El dolor no aparece por la presencia actual de un agente o estado necrotizante sino por una evaluación probabilística de que se pueda dar esa situación. En la mayoría de los casos la activación de la percepción de dolor no está justificada y se trataría de encendidos irracionales, disfuncionales, fóbicos.

El miedo cerebral irracional, fóbico, imaginado, a la necrosis, fuerza al individuo a conductas de evitación también irracionales. Las terapias analgésicas consiguen su eficacia si apaciguan el temor cerebral al daño necrótico probabilístico, es decir, respetando las conductas de evitación exigidas por el programa.

El daño necrótico imaginado responde a la estructura de una alucinación nociceptiva. Perceptivamente emula los estados necróticos consumados o inminentes y consigue del individuo una conducta defensiva como si realmente se estuviera dando una situación de destrucción tisular.

La información experta habitualmente alimenta la estructura fóbica y/o alucinatoria del dolor por daño imaginado y las terapias refuerzan las conductas de evitación del daño imaginario contribuyendo así a consolidar la creencia en dicho daño.

El dolor por daño imaginado surge de una disfunción evaluativa de peligro y reproduce en la red neuronal el mismo problema generado por la disfunción evaluativa del Sistema Inmune en la alergia o las enfermedades autoinmunes.

La disfunción evaluativa neuronal debe ser considerada como un problema físico. La cultura favorece la disfunción pero la responsabilidad no debe descargarse de entrada sobre el individuo (receptor) sino sobre la comunidad de expertos que la nutre (emisores).

La terapia de supresión de falsas creencias y conductas inadecuadas debe orientarse hacia la propia cultura (oficial y alternativa) del dolor.

Es urgente una campaña de actualización neurofisiológica sobre dolor en profesionales y ciudadanos desde el conocimiento aportado por la Neurociencia moderna.

2019-07-25 11.12.31

Publicado por arturo goicoechea

Neurólogo. Nacido en Mondragón, Guipúzcoa, en 1946. Jefe del Servicio de Neurología en el Hospital Santiago de Vitoria (Álava), España, hasta 2011, en la actualidad jubilado. Permanece activo como enseñante y divulgador de la aplicación de la Neurociencia al ámbito de la Neurología, especialmente referida a la migraña y al dolor crónico sin daño, impartiendo cursos y charlas y, desde hace una decena larga de años, a través de su blog.

5 comentarios sobre “>Dolor

  1. >Dolor inminente o imaginado y que incita al individuo a una conducta de evitación?No estoy de acuerdo,el dolor puede cumplir una función en la vida de un individuo. Por ejemplo una persona con dificultad para expresar sus emociones puede conseguir el afecto de su mujer cuando a éste le duele la cabeza.Aquí el dolor cumple una función y no es evitado sino que probalemente sea reforzado por lo que consigue con él.Con respecto al hambre,muchas religiones celebran el ayuno como signo de santidad, muchas de sus santas fueron anoréxicas,los ayunadores como espectáculo circense en el siglo XVII, que Kafka retrató en su cuento "Artista hambriento" y el libro de Hambre de Knut Hamsum. Las primeras sufragistas, los presos políticos…son muchas y muy complejas las motivaciones que llevan a un individuo a dejar de comer, llegando incluso a la muerte, así que ahí no funciona lo de evitación de la conductaOlvida los aspectos psicológicos, sociales, culturales…humanosGracias, un saludoMarga

  2. >Yo creo Marga que no los olvida sino que trata de explicar el fenómeno en términos de organismo. Es verdad que existen muchas lagunas como tu misma indicas pero esto solo señala a que las razones (mentales) para conseguir disfunciones en la interpretación de la realidad son infinitas, tantas como interpretaciones del mundo existen.

  3. >Estoy de acuerdo con Paco en que parece que confundes (identificas) los planos del individuo y el organismo.El dolor, desde el punto de vista biológico (organismo) cumple la función de promover una conducta de evitación de daño necrótico. Una vez instalado, cualquiera que sea su origen, cada individuo responde y lo categoriza de una modo distinto. Los pacientes con una enfermedad autoinmune, por ejemplo, una miastenia gravis sobrellevan su enfermedad como pueden y algunos encuentran un sentido a su existencia gracias a la enfermedad. Eso no tiene nada que ver con que la enfermedad se produce por un error de catalogación del peligro por parte del Sistema Inmune. Un paciente de miastenia se quejaba amargamente de su situación y preguntaba si habría alguna manera de hacer ver a sus linfocitos que dejaran en paz a los receptores de acetilcolina. Desgraciadamente ello no es posible en el sistema inmune pero si sustituimos linfocitos por neuronas y aplicamos la misma estructura de enfermedad sí podemos y debemos hacer ver a las neuronas que están activando erróneamente programas defensivos de alerta. No veo por ningún lado la falta de humanidad en esa conducta.

  4. >Creo que la separación entre lo biológico (organismo)y el individuo es arbitaria y no se puede desligar una de lo otro.Desde mi punto de vista es diferente una enfermedad autoinmune como la miastenia gravis que fenómenos como el "dolor", el hambre o la sed.Ortega y Gasset ya hablaba del cuerpo como el gran silenciosos y sólo cuando acontece la enfermedad la atención pasa del "extracuerpo" al "intracuerpo" La vivencia de la enfermedad tiene que tner en cuenta forzosamente al individuo que hay detrás, el yo soy yo y mis circunstancias, algo que la medicina actual tiene totalmente olvidadoGracias, un saludoMarga

  5. >La separación entre objetivos y evaluación de organismo e individuo no es en absoluto arbitraria sino necesaria para entender los problemas planteados en el extenso capítulo de síntomas sin explicación médica. No hay ninguna diferencia funcional entre sistema inmune y red neuronal. Los dos aprenden a evaluar peligro y actúan a veces erróneamente. El dolor tiene una función homeostática y proviene de una evaluación cerebral sobre peligro interno. Esta evaluación se trasvasa al individuo para incitar (no determinar) una conducta de evitación y, a partir de ese momento, el individuo y el cerebro cogestionan el desarrollo del programa dolor. El cuerpo habitualmente es silencioso perceptivamente para permitir resaltar los estímulos que deben implicar al individuo. Hay varias entradas en el blog sobre esa cuestión pero la evaluación sobre peligro interno puede en cualquier momento encender una percepción con la misma estructura que una alucinación (percepción en ausencia de estímulo). Puede que yo resalte las similitudes y desconsidere las diferencias entre sistema inmune y red neuronal porque estas son obvias y las primeras están ignoradas. Te aseguro que tengo muy en cuenta al individuo y sus circunstancias, entre ellas, su enculturación, su idea de organismo, la imagen corporal, construida por la información sobre interior.creo que, como sucede en estas diatribas, tenemos un problema de léxico y que, probablemente compartimos más convicciones de lo que parece.

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