>Espejos y memeces

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La cultura occidental nos moldea con la ilusoria convicción del YO. Percibimos de forma convincente nuestra presencia, nuestra frontera, la propiedad de nuestro ser y la agencia de nuestras acciones. Cuando sentimos algo que no procede de nuestra voluntad o no puede ser explicado como consecuencia de lo previamente decidido tendemos a concluir que algo extraño se ha colado en nuestro sistema de decisiones.

El dolor nos plantea ese tipo de perplejidades. Si no podemos interpretarlo como una consecuencia de nuestras decisiones previas surge la sospecha de que algún factor añadido anómalo se ha colado en nuestro organismo, precisamente allá donde duele.

Echamos mano de nuestros conocimientos acumulados por propia experiencia y por la enseñanza prestada por otros. Si después de analizar el dolor con la plantilla de nuestros saberes seguimos sin dar con la clave de su origen se refuerza la tesis inicial de que hay gato encerrado y bien oculto.

Desde las primeras horas de la vida extrauterina (la primera comprobación está en torno a los 40 minutos) nuestros sentidos recogen las diversas energías que genera la realidad (energía mecánica, térmica, electromagnética, química…) y las envasan en trenes de pequeñas señales electroquímicas sobre las que nuestro cerebro va tejiendo una teoría de lo que hay allí fuera y de lo que sería conveniente hacer para que nos vaya bien (comamos y nos reproduzcamos) y no fallezcamos (local, regional o globalmente) en el intento.

Las decisiones cerebrales están fuertemente impregnadas de las decisiones observadas de otros y por las enseñanzas de los expertos. Las neuronas espejo toman datos sensoriales y construyen borradores motores, emocionales y perceptivos por si fueran utilizables en el futuro. Sin darnos cuenta vamos creando condiciones de futuro, probabilidades de respuesta.

Richard Dawkins propuso el término «mem» para poner el acento en la existencia de entidades culturales (melodías, modas, creencias, acciones…) que son trasmitidas por un mecanismo similar al de los genes de copia, variación y selección. Realmente el concepto de mem está incluido en el de las neuronas espejo: los memes están ahí fuera y las neuronas espejo se encargan de incluirlos en la red.

Podemos utilizar también la metáfora de internet: los virus están ahí, disfrazados de información sugerente y nuestro ordenador no puede, a veces, evitar que entren a los sistemas de memoria.

El dolor u otro síntoma se ha proyectado en nuestra pantalla perceptiva. Repasamos nuestro archivo de acciones y conocimientos que lo explican… No encontramos la causa… Tensamos las preguntas… amplificamos nuestra frustración y enfado… miramos a los expertos… Nada.

Neuronas espejo, memes… la condición humana… el malestar de la enculturación… la cultura del malestar y de las culpas… No merece la pena rumiar todo ese universo mas que en un corto período para coger impulso y aplicarse a la limpieza neuronal, a la neutralización de los virus.

Conocimiento, sosiego, determinación y persistencia. Los resultados van llegando. El dolor pierde condiciones de germinación.


2019-07-25 11.12.31

Publicado por arturo goicoechea

Neurólogo. Nacido en Mondragón, Guipúzcoa, en 1946. Jefe del Servicio de Neurología en el Hospital Santiago de Vitoria (Álava), España, hasta 2011, en la actualidad jubilado. Permanece activo como enseñante y divulgador de la aplicación de la Neurociencia al ámbito de la Neurología, especialmente referida a la migraña y al dolor crónico sin daño, impartiendo cursos y charlas y, desde hace una decena larga de años, a través de su blog.

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