>El sentido del equilibrio no existe

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Durante muchos años he ejercido la Neurología como mandan los cánones, con el soporte de las ideas sencillas de una red neuronal comprensible y lógica, recibida en la Facultad y extendida a través de libros de texto y revistas. Nada perturbaba la aparente solidez de mi conocimiento.


Hay dos quejas-síntoma que acaparan más del 50% de las consultas neurológicas: la cefalea (dolor de cabeza) y el mareo (mareo). Un neurólogo es un profesional obligado a atender, con o sin ganas, cefalea y mareos. Mi obligación era conocer bien las causas y remedios de los dos problemas.


Para explicar el origen del dolor tenía que familiarizarme con el sentido del dolor, sus receptores, las vías de transmisión y el centro de proyección a la consciencia. Había unas pocas moléculas (prostaglandinas) implicadas en el proceso de generación y tráfico de señal dolorosa y para conseguir el alivio no había más que interferir con química (antiprostagalandinas) o bisturí la transmisión de la señal por las vías de comunicación (véase las neuronas del dolor).


No sin esfuerzo descubrí (en otros textos y revistas) que no existía el socorrido sentido del dolor y que, en su lugar, la evolución había tejido una complicada red de sensores, vías y centros en torno a la necrosis, la muerte violenta celular: el sentido del daño necrótico .


Cambié el chip del sentido del dolor por el del daño y como efecto emergente pasé de recetar a instruir.


Quedaba pendiente el tema del mareo. El sentido del equilibrio era más complicado. El oído interno se resistía a dejarse entender y el marco de competencia no quedaba claro entre Otorrinos y Neurólogos. Los pacientes con mareo y vértigos iban y venían de unos a otros, daban vueltas, haciendo honor a su problema.


Hace unos pocos años cayó en mis manos un libro de Alain Berthoz: El sentido cerebral del movimiento. Alain Berthoz es Ingeniero de Minas, Psicólogo, doctor en Ciencias Naturales e investigador de prestigio en Biorobótica, es decir, en Percepción y Acción.


Como ingeniero dedicado a diseñar robots con pretensión de moverse por el mundo sin caerse e interactuar con sus objetos, conoce perfectamente la complejidad del objetivo de conseguir equilibrio.


Cuando eclosionó la inteligencia artificial, se propuso el ambicioso objetivo de derrotar al campeón de turno de ajedrez. La victoria marcaría la superación de la inteligencia humana por la del robot. La máquina estática pensante consiguió su objetivo sin demasiadas dificultades. Mientras tanto, lo que parecía un objetivo menor: diseñar robots móviles que percibieran el mundo con cámaras, sensores mecánicos de colisión, micrófonos y demás y activaran motorcitos para desplazarse, se mostró desde el primer intento como un propósito de una extraordinaria complejidad.


El libro de Alain Berthoz del sentido cerebral del movimiento borró de mi mente la idea simple, luego falsa, del sentido del equilibrio y puso en su lugar la más ajustada a la ingeniería del robot biológico humano: la del sentido del movimiento.


Los sensores de equilibrio no existen. En su lugar hay sensores de movimiento: están repartidos por oido interno (donde detectan aceleración angular, vertical y horizontal y la fuerza de la gravedad), articulaciones e inserciones tendinosas, en el interior de los músculos (sensores de estiramiento), en piel y fascias y en la retina (flujo óptico).


Todos estos sensores informan del movimiento y posición de cada uno de los segmentos corporales (extremidades, raquis, cabeza, cuello, ojos) y de los objetos externos pero no basta para garantizar la estabilidad corporal (que el centro de gravedad caiga sobre la base de sustentación). Se precisa anticipar las consecuencias de cada paso, de cada giro, de cada mirada… El cerebro memoriza todo lo que se mueve y aprende a predecir. Andamos, saltamos y le damos a la pelota en el momento justo gracias a la memoria.


El sentido del movimiento tiene como objetivo acercar el cuerpo a los objetos para optimizar la interacción con ellos a la vez que se garantiza la protección de los tejidos. El cerebro es el encargado de hacernos navegar por el mundo pero también se responsabiliza de que no nos caigamos… y nos rompamos, es decir, se necrosen células y tejidos.


La integridad corporal durante el movimiento está sometida a incertidumbre. El cerebro es hipocondríaco, ya lo sabemos, y una cuestión que le preocupa mucho es que perdamos el equilibrio. El mareo es el indicador de ese temor.


Como sucede con el dolor, que aparece frecuentemente en ausencia de daño, por predicción alarmista cerebral de necrosis potencial, al cerebro se le activa la función mareo, en ausencia de condiciones objetivas de imposibilidad de equilibrio (entorno móvil impredecible o insalvable, lesión aguda de sensores de movimiento) cuando predice, de forma alarmista, pérdida de equilibrio potencial, con resultado de caída y necrosis… por ejemplo, desde un balcón…


2019-07-25 11.12.31

Publicado por arturo goicoechea

Neurólogo. Nacido en Mondragón, Guipúzcoa, en 1946. Jefe del Servicio de Neurología en el Hospital Santiago de Vitoria (Álava), España, hasta 2011, en la actualidad jubilado. Permanece activo como enseñante y divulgador de la aplicación de la Neurociencia al ámbito de la Neurología, especialmente referida a la migraña y al dolor crónico sin daño, impartiendo cursos y charlas y, desde hace una decena larga de años, a través de su blog.

24 comentarios sobre “>El sentido del equilibrio no existe

  1. >Si al cerebro se le enciende la función mareo es porque a la mente se le eciende el temor a caerse, ergo el miedo (consciente) a caerse y la función mareo están relacionadas.

  2. >Lo percibido es siempre consciente. Es la forma en la que el cerebro expresa hacia el individuo sus evaluaciones, a veces con certezas y otras con meras hipótesis. La proyección de mareo contiene una evaluación de incertidumbre o ambigüedad sobre estabilidad del mundo o del propio cuerpo. Cuando un paciente se marea no tiene por qué haber una reflexión consciente de miedo a caerse. Sólo existe alerta sobre estabilidad. Incertidumbre inespecífica sobre el control de lo que se mueve (propio o ajeno).

  3. >Alain Berthoz, por ejemplo, explica la agorafobia como un problema de disfunción de orientación espacial de la cabeza en el espacio. El síntoma de mareo es muy inespecífico y no creo que deba interpretarse necesariamente como miedo a caída. Sigo pensando que, de forma general, expresa una borrosidad o incertidumbre de ubicación corporal en el espacio

  4. >Pero Arturo, si yo las dicho tu, fijate en el ultimo párrafo:Como sucede con el dolor, que aparece frecuentemente en ausencia de daño, por predicción alarmista cerebral de necrosis potencial, al cerebro se le activa la función mareo, en ausencia de condiciones objetivas de imposibilidad de equilibrio (entorno móvil impredecible o insalvable, lesión aguda de sensores de movimiento) cuando predice, de forma alarmista, pérdida de equilibrio potencial, con resultado de caída y necrosis… por ejemplo, desde un balcón…Cosa que tiene poco que ver con la agorafobia, yo estaba hablando de mareos, no de agorafobias, los que son mucho mas frecuentes en ancianos y que tantas consultas provocan, me refiero a esos y tu tambien te referias a esos, creo.En ese tipo de pacientes lo que se activa es un «miedo a caerse» que no es el mismo miedo de la agorafobia que es «el miedo a no poder ser socorrido en caso de necesitarlo».

  5. >No, no hablaba del mareo de los ancianos, que, como tú bien dices, se relaciona con el miedo a la caída y rotura ósea. Me refiero al mareo como indicador perceptivo de alerta. Puede contener alarmas o temores muy variado. Lo que sucede es que, al estar hablando del sentido del movimiento, en este caso la alerta está, lógicamente, ligada al miedo a la caída. El temor al suceso interno cardíaco (infarto, embolia cerebral)no se alimenta por miedo a caerse sino por miedo a morirse o quedar paralítico. En este caso expresa una incertidumbre sobre integridad interior.

  6. >Hola, Arturo. ¿Va por ahí la explicación de que los derviches giren y giren y, al terminar, además, frenen «en seco» sin perder el equilibrio? (no sé si les has visto, sino en mi blog tengo unos videos recientes)Un saludo.

  7. >Ana: supongo que el cerebro puede adaptarse-habituarse a un estímulo giratorio como ese, siempre que no le atribuya peligrosidad. En el caso de los derviches no hay evaluación de peligro sino que incluso contiene un factor de purificación. Eso aumenta la capacidad de habituación.Al contrario si el cerebro procesa erróneamente el movimiento propio como movimiento de entorno y lo evalúa como consecuencia de enfermedad o disfunción, en vez de habituar, sensibiliza.

  8. >No estoy muy enterado del trasfondo espiritual de los giros de los derviches pero, aunque actualmente se producen en un contexto de folcklore, en origen creo que buscaban una purificación de todo lo material que impide acceder al estado pleno de pureza buscado.

  9. >Bueno, es que me extrañó oir hablar de «purificación» como estado en un médico 🙂 Lo cierto es que ellos no se marean (doy fé) y siempre me había preguntado si puede ser un tema de aprendizaje/hábito, pues los líquidos del oído interno son líquidos al fín y al cabo, y la fuerza centrífuga es fuerza centrífuga al fin y al cabo, por más aprendizaje que haya.Agradecida una vez más por compartir todo esto con entendidos y también con nosotros los no-entendidos.

  10. >(Y sí, es totalmente cierto que actualmente son muy utilizados como folklore igual que el flamenco para los turistas, pero en su origen la esencia de esos giros era mucho más profunda y sutil; en algunos sigue siéndolo.)

  11. >Cuando se produce una incoherencia entre información sensorial vestibular y visual(que es lo que sucede al detener bruscamente el giro: la endolinfa por inercia sigue pero visualmente ha cesado el movimiento) el cerebro desconsidera (habitúa)una de las dos informaciones. Al principio interpreta que el mundo gira en dirección contraria, pero con el aprendizaje ignora la información vestibular y hace caso de lo que dicen los ojos. De esta forma deja de producirse vértigo.

  12. >Interesantísimo, Arturo. Tu último comentario me hace pensar que de algún modo somos «lentos»: no podemos enseñarle al cerebro que la información que percibe no es la real… en una sola lección. En el caso de los derviches por ejemplo hacen falta meses, como dice en ese video. Imaginé que una vez en giro se crea una especie de adaptación o equilibrio en lo centrífugo (como al ir en tren no sentimos que se mueve si no frena) y que lo difícil era manejar el freno (el contraste), pero creo que por fín lo he comprendido…

  13. >Ante una variación brusca de la entrada informativa el cerebro aplica la inercia interpretativa. Si uno mira fijamente caer el agua de una cascada y tras un rato mira la orilla, esta se desplaza visualmente hacia arriba: es un efecto de inercia de lo que han estado haciendo los ojos hasta ese momento. El conflicto entre entrada sensorial y vestibular se resuelve de forma variable pero es lógico que acabe imponiéndose la interpretación de que el mundo no se mueve (se da la razón a la retina) cuando el bailarín se para en seco, aunque eso lleve un tiempo de entrenamiento. No, no basta con decirle al cerebro que está equivocado. Pone condiciones.

  14. >Sensación ilusoria de movimiento y relación con el mareo:Se ha hablado largamente sobre la relación del mareo en base a una interpretación errónea del cerebro. De igual manera se expuso el ejemplo de la “casa inclinada”, la percepción de horizontalidad visual entraba en conflicto con la percepción de inclinación bajo nuestro pues, lo cual creaba una notable confusión a nivel del cerebro, lo cual daba como resultado el mareo.Existen estudios sobre la sensación ilusoria de movimiento mediante vibración de baja frecuencia, en la que aplicando a un músculo una determinada vibración el cerebro interpretaba sensación de estiramiento de ese músculo (recordando que el cerebro percibe el movimiento gracias al estiramiento muscular). Si a una persona la colocamos en un cuarto oscuro con una luz y estimulamos el recto externo del ojo, el cerebro ilusioriamente percibe que se está estirando dicho músculo y “percibe” que la luz se mueve hacia su izquierda. Lo mismo pasa si estimulamos el músculo esternocleidomastoideo, se interpreta que la luz sube. Entonces, no es factible que lo que perturba al cerebro pudiera ser la mala calidad de la información que recibe por este tipo de receptores ; ojos, pies…..? El cerebro es el responsable, pero porque uno o más músculos le dan mala información. Quizás los músculos finalmente sí que tengan algo que ver al respecto, puesto que confunden al “jefe” y este responde a su manera, es decir, con sensación de mareo. Qué opinan ustedes de esto?Por otra parte ayer apareció en la edición Vizcaína de EL CORREO el siguiente artículo en referencia a los “milagros” de la placenta de yegua en la recuperación de lesiones deportivas. Saquen sus propias conclusiones………http://www.elcorreodigital.com/vizcaya/20091130/deportes/mas-futbol/milagro-placenta-yegua-20091130.htmlTambién hay un artículo refiriéndose al mismo hecho en El País del pasado domingohttp://www.elpais.com/articulo/reportajes/Pocimas/deportivas/elpepusocdmg/20091129elpdmgrep_6/Tes

  15. >Manderley: efectivamente, se pueden provocar ilusiones corporales aplicando estímulos vibratorios a tendones, generando así una señal de los sensores de estiramiento que engaña a un cerebro… dispuesto a ser engañado (experimentación).Si la aplicación del diapasón es sobre el tendón del biceps mientras el dedo índice toca la nariz, el cerebro no tiene más remedio que interpretar que la nariz crece: la ilusión de Pinocho. El estímulo del diapasón es artificial y por eso le pilla al cerebro de sorpresa pero la ilusión se desvanece a poco que el "voluntario" reflexione sobre lo que realmente está pasando.Las conclusiones del cerebro se apoyan en datos de sensores y de archivos de interpretaciones anteriores. La información polimodal permite afinar en las conclusiones. Lo que impide una interpretación correcta cuando, por lesión o manipulación experimental se confunde al cerebro es la alarma, el miedo…

  16. >Hola a todos vosotros, que tantas veces os he leido y seguido con interes.Quisiera comentar un problema que tengo y me gustaria que me dierais vuestra opinión.Estoy operado de la columna en la zona lumbar por estenosis, en la columna cervical tengo hernias y canal estrecho y llevo tres crisis fuertes de vertigo. Estoy bastante asustado por su grado de ansiedad que me produce. Unos medicos me dicen que es de las cervicales y del riego sanguineo y otros de los oidos. ¿Que puede hacer?. Gracias por todo lo que decis y pensais.

  17. >Jesús: lo primero que debes hacer con el vértigo es eliminar la angustia sobre su significado. Generalmente no se asocia a ninguna lesión. Es altamente improbable que el vértigo tenga nada que ver con problemas de circulación sanguínea cerebral y las causas de oído son raras. El vértigo puede aparecer, y eso es lo más común, en ausencia de enfermedad. El proceso de su generación es complejo. En el blog he intentado explicarlo pero no resulta fácil.Te repito: lo fundamental es eliminar la ansiedad.Saludos

  18. mi vértigo si está definido y en teoría tiene una causa,una infección viral afectó el sentido del equilibrio ,o del movimiento,como usted dice ,de mi oido derecho,mi tratamiento,según los otorrinos es engañar al cerebro,cosa que me resulta muy complicada porque no se como hacerla,lo único bueno que puedo aportar de mi experiencia es que la fase de producción de ansiedad ante el mareo ha pasado,se que no me voy a caer,se que nada gira,simplemente arrastro la incomodidad de tener continuamente sensación de inestabilidad,que no es poco,pero con la que aprendes a vivir,salvo en las fases de agudización.

  19. Marta: no se trata de engañar al cerebro sino autoproyectar con convicción confianza y derivar la atención hacia tareas de piel afuera. El marero continuo, la sensación de flotar, la percepción constante de inseguridad, indican que el foco de atención está en la incertidumbre sobre la estabilidad del cuerpo.

  20. Hola. No sé si alguien ha oido hablar de la terapia de los puntos de activación muscular. Según esta teoría existen en nuesta red muscular infinidad de puntos (puntos de activación) que cuando se irritan pueden provocar todo tipo de patologías (migraña, dolores tensionales, dolores musculares, vértigo, mareos,hasta la famosa fibromialgia, etc). Según el autor del libro que he leído (Clair Davies) es posible tratar esos puntos (autratarlos) de manera sencilla consiguiendo que todos estos cuadros remitan, hasta su desaparición. No sé si esto es posible. El autor señala que dichos puntos no salen en ninguna prueba médica pero existen porque se han podido localizar postmorten por medio del microscopio. No tiene nada que ver con la acupuntura o con puntos gatillo. Mi pregunta es en este caso ¿no será que estos puntos irritados son los que engañan a nuestro cerebro y como consecuencia nuestro cerebro cree respuestas equivocadas no meras «ilusiones»?

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