Percepción de enfermedad. El cerebro hipocondríaco

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Percibir es interpretar, atribuir un significado a la realidad. Esta atribución de significado puede ser consciente o no pero forma siempre parte de la construcción de cualquier cosa percibida.

La percepción nos obliga a prestar atención a un instante y lugar por un determinado valor en juego. Contiene una motivación, una relevancia.

El interior del organismo es el medio en el que nacen, se desarrollan y mueren las células, los individuos. Se trata de un universo garantizado, exigente, con temperatura, pH y osmolaridad constantes, provisión de oxígeno y alimento garantizada y sistemas de seguridad inmunes y neuronales atentos a detectar cualquier incidencia de daño consumado o inminente.

El interior es silencioso. No sentimos su trajín. Habitamos un cuerpo perceptivamente hueco, vacío. Sólo cuando se produce una perturbación o sobrepasamos los límites recibimos mensajes de valor negativo que nos indican que algo no va bien o que nos estamos excediendo o quedando cortos.

Los mensajes sobre interior nos obligan a buscar una explicación y ajustar nuestra conducta. La recuperación del silencio interno nos devuelve la confianza, nos garantiza que se ha vuelto a la normalidad, a la homeostasis (equilibrio interno), a los parámetros correctos.

Identificamos, por tanto, salud con silencio interior y, a la inversa: enfermedad con presencia de percepciones negativas. Sin embargo no existe tal identidad: podemos estar enfermos sin tener noticias perceptivas (síntomas) y estar agobiados permanentemente por recados internos dándose un perfecto estado de salud.

La percepción de salud no garantiza la salud y la percepción de enfermedad no la certifica.

La explicación a esta falta de correlación se debe a que el Sistema de Defensa actúa de forma preventiva, anticipando posibles o probables acontecimientos y notificando tanto sucesos consumados como simples temores.

El cerebro no precisa si lo que percibimos es una alarma por daño consumado o por simple previsión. No nos dice: «no te preocupes: sólo quiero recordarte que andes hoy con cuidado con la cabeza…Te he puesto el dolor para que estés pendiente de ella. Preferiría que no utilices el ordenador. Tengo malas vibraciones. Han pasado quince días sin que pase nada y eso no me gusta…Por si acaso te aconsejo que vomites. Nunca se sabe lo que ha entrado desde fuera…No hables con nadie. Apaga las luces y quédate en la cama…».

El cerebro es hipocondríaco lo mismo que los padres con sus hijos, los vigilantes de seguridad con los edificios que protegen… Teme que haya parásitos y tóxicos químicos en la piel, irritantes y gérmenes en el aire, la comida y la orina, que vaya a faltar comida y agua, que hayamos desgastado prematuramente articulaciones y huesos, que superemos el nivel de estrés razonable, que estemos indefensos ante la adversidad, que nos precipitemos desde una altura, que el mundo gire…

Dolor, picor, hambre, cansancio, sed, mareo, vértigo, insommio, desánimo, angustia… Podemos sentirnos enfermos en un organismo razonablemente sano. Basta con que el cerebro haya perdido la sensatez, la confianza en el organismo que vigila.

– Me encuentro fatal pero todo me da bien: los análisis y radiografías son normales. Incluso me han hecho psicoanálisis y también me ha dado negativo… Dicen que no tengo nada pero no me lo creo. YO algo tengo que tener…


2019-07-25 11.12.31

Publicado por arturo goicoechea

Neurólogo. Nacido en Mondragón, Guipúzcoa, en 1946. Jefe del Servicio de Neurología en el Hospital Santiago de Vitoria (Álava), España, hasta 2011, en la actualidad jubilado. Permanece activo como enseñante y divulgador de la aplicación de la Neurociencia al ámbito de la Neurología, especialmente referida a la migraña y al dolor crónico sin daño, impartiendo cursos y charlas y, desde hace una decena larga de años, a través de su blog.

5 comentarios sobre “Percepción de enfermedad. El cerebro hipocondríaco

  1. >Evidentemente es ese el problema: aflorar a la conciencia un «producto» que tenga la cualidad necesaria para inducir a una conducta defensiva… pero planteas el «problema duro» de Chalmers.

  2. >La percepción y la acción están íntimamente ligadas. La cualidad del picor lleva implícita la acción de rascarse, la del hambre la de comer… Lo percibido tiene esa capacidad de preparar la acción adecuada…pero cuál es la inducción motriz de «lo verde» o lo amarillo? Propone alguna acción cada color? Es posible.Desde luego el dolor por un hecho externo contiene la incitación al alejamiento del estímulo y el dolor interno invita a la parálisis. Las cualidades de lo perceptivo con cualidades premotoras.

  3. >El problema de la conciencia está catalogado como el mayor misterio de la neurociencia. El filósofo David Chalmers distinguió entre el «problema blando»: aproximarnos a la descripción de los procesos neuronales que dan lugar a la percepción (los correlatos neuronales de la conciencia) y el «problema duro»: describir cómo surge la percatación de los contenidos perceptivos, o sea los qualia. Algunos consideran que se llegará a dar con la respuesta y otros piensan que es una cuestión insoluble

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