>Irracionalidad

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Estamos tan convencidos de que somos seres racionales que cuando nuestro organismo actúa de forma incomprensible sólo podemos pensar en que algo no anda bien, que hay alguna anomalía. Sin embargo, un cerebro normal, sano, puede actuar de forma irracional. 


Una crisis migrañosa es una acción incomprensible de nuestro cerebro, absolutamente irracional. Desde el punto de vista de la rentabilidad está claro que implica un despilfarro de recursos: el paciente queda recluido en una habitación oscura, tiene que abandonar sus tareas, vomita la comida que tanto ha costado adquirir y procesar… 

La activación del programa migrañoso sólo tendría sentido si en ese preciso momento estuviera sucediendo algo que pone en peligro la integridad física inmediata del cerebro (una meningitis, una rotura arterial, un cambio brusco de presión, cualquier novedad aguda no codificable…). El programa vómito sólo tendría justificación si todo ello sería debido a la ingesta de algún tóxico o germen.  

Es evidente que nada de eso ha sucedido. El cerebro dispone teóricamente de la certeza de que el encendido del programa ha sido un despropósito y debiera actuar en el futuro con más sentido común. 

Sin embargo, en cuestiones de seguridad, el cerebro sobreactúa emocionalmente. Es capaz de considerar una posibilidad teórica, altamente improbable: que por haber comido chocolate se infecten las meninges o se rompa una arteria… y activar la alerta. 

Este esquema de actuar sobre lo teóricamente posible aun cuando sea altamente improbable define a las conductas fóbicas, a los miedos irracionales. La evolución ha seleccionado una serie de miedos fóbicos (arañas, serpientes, comida en mal estado, precipicios, estímulos intensos, novedades…) que facilitan la toma de decisiones irracionales ante situaciones inofensivas. 

La migraña contiene la estructura de la fobia, referida a un suceso destructivo altamente improbable en el interior del cráneo. En la alergia se da la misma situación: es altamente improbable que unas moléculas que ha soltado el gato en la habitación pertenezcan a un agente infeccioso pero se activan las defensas de las mucosas respiratorias o cutáneas. 

El error fóbico tiende a autoperpetuarse porque consigue que el individuo opte por evitar los escenarios desencadenantes. 

La evitación del desencadenante en el error fóbico alérgico está justificado. No parece prudente volver a inyectarse un antibiótico cuando ha habido una reacción previa, aduciendo que el sistema inmune está equivocado. 

En el error fóbico por evaluación alarmista irracional por parte del cerebro, la evitación del desencadenante no es aconsejable (aunque así lo aconsejen obsesivamente los neurólogos). Si uno padece fobia a entrar al ascensor debe racionalizar, superar el miedo y tratar de conseguir que su cerebro vaya tolerando la exposición. Si el cerebro activa la fobia al chocolate se debe también racionalizar y comerse la tableta. 

Al menos eso es lo teóricamente correcto aunque no lo sea políticamente. 

La irracionalidad emerge con facilidad de nuestro cerebro, especialmente si está alimentada por una cultura alarmista. El sentido común se vuelve una pieza difícil de cobrar… cuando la información que recibimos corresponde, en realidad a una ignorancia muy común.

  

2019-07-25 11.12.31

Publicado por arturo goicoechea

Neurólogo. Nacido en Mondragón, Guipúzcoa, en 1946. Jefe del Servicio de Neurología en el Hospital Santiago de Vitoria (Álava), España, hasta 2011, en la actualidad jubilado. Permanece activo como enseñante y divulgador de la aplicación de la Neurociencia al ámbito de la Neurología, especialmente referida a la migraña y al dolor crónico sin daño, impartiendo cursos y charlas y, desde hace una decena larga de años, a través de su blog.

8 comentarios sobre “>Irracionalidad

  1. >Buenas tardes-noches, Arturo.Voy a mentarte un argumento que en ocasiones ya te he esgrimido en persona. Nos hablas con insistencia de la interpretación anómala de un imput determinado por parte de nuestro poco racional cerebro como «gatillo» del programa Repuesta Dolor. Nos comentas también lo perniciosos que somos los neurólogos al condicionar y reforzar ese tipo de respuestas al recomendar a nuestros pacientes que eviten los desencadenantes. Sabemos, porque nos lo cuentas, lo importante que son el aprendizaje y la cultura (la sociedad que nos circunda) en el desarrollo de dichas conductas.Supongamos (por suponer) que nos hallamos ante un caso de migraña infantil. Dicho infante enfermo no dispone en su entorno de migrañoso familiar alguno a quien imitar (y ninguno de sus congéneres es un pernicioso neurólogo). Nuestro infante ni sabe lo que es una migraña ni lo que es un aura. Tampoco sabe que el chocolate es un tóxico horrible, etc. ¿De dónde saca su cerebro el patrón «Respuesta Migraña»? No lo imita (parece claro). ¿Asumimos pues que su cerebro, aún en formación, responde de esa manera ante un desencadenante que ni el propio niño puede definir, con una respuesta que cumple criterios de la IHS de migraña? Me parece difícil de asumir. A no ser que la conclusión sea que los billones de conexiones con infinitas posibilidades de cada uno de nuestros cerebros al final, con toda su singularidad, sólo saben responder de 4 maneras que todos compartimos. Eso me resultaría aún más dificil de aceptar…Firma: El neurólogo malo.

  2. >Bienaventurados sean los «malos neurólogos» si son como tú. Planteas una cuestión peliaguda para la que no existe una respuesta contundente, concreta. La migraña surge como producto de la tendencia natural a activar preventivamente estados de alerta interna (interocepción) ante la incertidumbre. La toma de decisión cerebral se va afinando durante el aprendizaje, en función de experiencias previas de daño, observación de daño ajeno (neuronas espejo) e instrucción a través de expertos (lenguaje). Intenté tratar este tema en la entrada: generación espontánea en la que describía cómo germinaba la primera crisis.Mis 5 hijos creo que han padecido migraña en la infancia-juventud pero ahora ninguno la padece. Hace poco me contó mi hija «pequeña» que tuvo hace unos años su primer dolor de cabeza. Solicitó la ayuda materna y mi mujer le dijo: «habla con tu padre». Le expliqué, en versión reducida y adaptada a una mente infantil los contenidos de la teoría cultural de la migraña y ya no ha vuelto a padecer dolor de cabeza no explicado (la teoría oficial sobre origen de la migraña no es una explicación). Si doy esa misma explicación en la consulta a un niño ajeno generalmente no tengo ningún éxito. Sin embargo en la infancia el efecto placebo de los analgésicos es muy llamativo. Prácticamente hace el mismo efecto el calmante real que el simulado. Mis hijos se han dejado influir por mí. Ya me gustaría poder tener ese poder de influencia para alejar los nubarrones migrañosos de las cabezas de los pacientes… La paternidad transfiere algo más que genes… por ejemplo, el ejemplo. El proceso de copia en los niños es muy poderoso. Un artículo reciente en Clinical Journal of pain (2009; 25:223-32) describe precisamente la influencia de las creencias y actitudes paternas sobre dolor en su aparición en adolescentes.

  3. >Se nos olvida a veces que las cosas no son blancas o negras, queridos neurólogos «malos» y «peores» (desde el cariño). Existen situaciones en las que no hay daño tisular agudo pero las estructuras se encuentran en situaciones precarias por la presencia de trastornos funcionales, que con el tiempo sí producen deterioro estructural. En el caso de dolores musculoesqueléticos es más evidente, en el caso de las migrañas es más complejo el asunto.Hay casos de infantes que nacen con deformidades craneales esqueléticas producidas generalmente en el parto, que se pueden corregir mediante técnicas manuales. Qué pasa si no se corrigen?? Podría facilitar (que no desencadenar) la aparición de dolor de cabeza?Quizás sería sólo un ingrediente más dentro de la receta de la migraña.Cada paciente tendrá diferentes ingredientes y habrá que buscar la receta individual, viendo el problema desde todos los puntos de vista posibles.A veces el cerebro tiene un poquito de razón, aunque exagere.

  4. >Para ser sincero, que es mi obligación, no creo demasiado en la importancia de las deformidades craneales en la aparición de dolor, a no ser que creen condiciones límite de hipertensión en el interior del cráneo. En aparato locomotor la cosa cambia y, probablemente,todo lo que comentas puede tener importancia. De todas formas estoy de acuerdo en que debemos abrir la mente a cualquier posibilidad y analizar minuciosamente su validez.

  5. >Si, yo también tengo mis dudas al respecto (en ello andamos), era sólo un ejemplo. El debate no es sobre el fundamento de las técnicas manuales craneales.Lo que quiero decir es que no todo es blanco o negro. Hay que considerar todos los factores, y tener en cuenta la posibilidad de que, en ausencia de daño agudo, el cerebro a veces enciende alarmas con «algo de razón». La dificultad quizás sea determinar cuánta razón tiene, y en base a ello echarle un cable «estructural» en un contexto de educación sobre dolor.Un saludo!

  6. >Absolutamente de acuerdo. Lo primero que debemos hacer es atender la alarma cerebral y descartar problemas estructurales. El blog se centra en la migraña, un caso en el que se sabe que no hay daño estructural. No debemos generalizar y pensar que todos los dolores responden a este esquema de cerebro alarmista.

  7. >Doctor, he leido su comentario de las 2:53 y creo que tiene usted una esposa y una familia angelical que le admiran sinceramente. ¿No será que es usted un poco duro de roer? Trasládeles por favor mis afectuosos saludos. También para usted.

  8. >Con los años, ya se sabe, aparecen calcificaciones donde no deben. Este blog en realidad ha nacido por la paciente y eficaz insistencia de mi esposa. Todas las mejoras que vayan apareciendo son producto de su nunca bien ponderada y reconocida dedicación. Queda constancia escrita de mi reconocimiento.

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