>Mayoría silenciosa

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La consciencia es un universo en el que el cerebro nos proyecta lo relevante de cada lugar y momento. Si no sucede nada trascendente dejamos de percibir el cuerpo y la mente vaga libremente repasando el pasado, prediciendo el futuro y especulando sobre lo que opinarán los otros de nuestras acciones. Este estado cerebral de vagabundeo mental especulativo se denomina default mode (modo por defecto) y será objeto de atención en una próxima entrada. 


Si no sucede nada importante en la superficie e interior corporal lo deseable es que no notemos nada, que haya silencio perceptivo. 

Pues bien, dentro de las neuronas que se encargan de vigilar, detectar agentes y estados nocivos, es decir, los nociceptores, existe una proporción variable de ellos que se denominan nociceptores durmientes o silenciosos. Se caracterizan por su falta de respuesta ante estímulos mecánicos (también se describen como «mecanoinsensibles»).  

Gracias a que esto es así, podemos movernos, saltar, correr, estirar bruscamente tendones, músculos y articulaciones sin que lo impida el dolor. Este nutrido grupo de receptores de estímulos mecánicos (la mayoría silenciosa) están apagados. Duermen. Callan.

Lo mismo sucede con los linfocitos T en el sistema inmune. Están capacitados para intervenir en la defensa con sus poderosas armas pero permanecen inactivos, silenciosos, a pesar de que se haya detectado la presencia de agentes patógenos. 

Se necesita algo más para que se active la respuesta de alarma, tanto en la red neuronal como en el sistema inmune: que se haya atentado contra la integridad de los tejidos. El organismo aplica la presunción de inocencia. Si no hay daño necrótico (destrucción violenta de células), los nociceptores neuronales e inmunes permanecen callados, inactivos. Podemos continuar con nuestra actividad sin contratiempos. 

¿Qué saca a los nociceptores silentes de su pasividad? Las señales de daño celular que encienden la reacción de alarma, la inflamación.  

Una zona dañada libera moléculas que sirven de señal para que cambie la comformación de los sensores dormidos y se vuelvan sensibles a cualquier estímulo. 

Cuando se acaban las obras de reparación los nociceptores silenciosos vuelven a su estado habitual de aparente sueño. Podemos reutilizar la zona afectada sin problemas. 

No sólo hay neuronas dormidas o silenciosas. También existen sinapsis (conexiones) silenciosas. Cada neurona recibe y proyecta varios miles de conexiones. Cada una de ellas tiene una regulación propia y puede encontrarse en estado activo digamos, normal, estar silenciada o, al contrario, sensibilizada. Las posibilidades de respuesta de cada sinapsis, de cada neurona y de cada circuito son así innumerables. 

La red neuronal es un universo dinámico, cambiante. Tiene capacidad para adaptar la respuesta a todo tipo de variaciones… siempre que tenga libertad para hacerlo. 

No siempre los circuitos neuronales son libres. Pueden perder su plasticidad por una información que atribuye de forma indiscriminada peligro a cualquier estado o agente. 

La cultura da relevancia interesada a múltiples estados y agentes que no la tienen. Ello hace que el cerebro, si valida esa trascendencia, ordene que los nociceptores dormidos permanezcan peródicamente o de forma estable, en estado de alerta, encendidos. 

En la migraña el cerebro ha activado los nociceptores silenciosos y eso hace que todo resulte insufrible, incluso algo tan irrelevante como mover la cabeza. 

2019-07-25 11.12.31

Publicado por arturo goicoechea

Neurólogo. Nacido en Mondragón, Guipúzcoa, en 1946. Jefe del Servicio de Neurología en el Hospital Santiago de Vitoria (Álava), España, hasta 2011, en la actualidad jubilado. Permanece activo como enseñante y divulgador de la aplicación de la Neurociencia al ámbito de la Neurología, especialmente referida a la migraña y al dolor crónico sin daño, impartiendo cursos y charlas y, desde hace una decena larga de años, a través de su blog.

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