>Inferencia inconsciente

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Nos pasamos la vida infiriendo, sacando conclusiones que son las que guian nuestra conducta. 


Inferir es utilizar los datos disponibles sobre la realidad y extraer la conclusión que nos parece más probable. Generalmente las decisiones contienen una cuota variable de incertidumbre y debemos arriesgar optando por una conclusión-decisión a la hora de actuar. 

Los sentidos nos aportan datos parciales y confusos. Un olor, un ruido, algo que se ha movido… puede ser un peligroso depredador y, aunque podríamos aproximarnos a la fuente de los estímulos para mejorar la información, puede que ello nos costara la vida y decidimos, por si las moscas, concluir que existe una posibilidad de que haya por allí un león que quiere comernos y que es mejor alejarse y guarecerse. Hemos inferido que hay un posible león (con probabilidad incierta de acierto en la evaluación). 

El cerebro es un órgano protector (en teoría) y debe tomar decisiones de evitación constantemente. La supervivencia exige conocer todas aquellas señales que pudieran anticipar el peligro: una seta venenosa contiene señales que permiten a los expertos identificar el peligro. Ante la duda es mejor ser cauto, pensar mal y abstenerse. Una rama puede ser una serpiente es una inferencia más útil que la contraria: una serpiente puede ser una rama. 

Cuando se activa la alerta migrañosa, el cerebro ha inferido que la cabeza corre peligro y ha tomado la decisión de forzar una conducta defensiva preventiva por parte del individuo. El dolor, la búsqueda del refugio, la intolerancia a estímulos y las nauseas no son sino la expresión de los programas que sirven para mantenernos vivos en circunstancias amenazantes. 

En la migraña el cerebro ha tomado la rama ( el desencadenante) por una serpiente y ha conseguido que el individuo actúe como si hubiera serpiente. 

Percibir es, como afirmaba Von Helmholtz, interpretar, inferir. Todo lo que percibimos es una inferencia inicialmente inconsciente (cerebral) pero una vez proyectada a la consciencia, la percepción atrapa al individuo consciente y le obliga a participar en esa inferencia.

Si el individuo sabe que la serpiente es realmente una rama, puede desbaratar la conclusión inicial cerebral y desactivar los programas de huída. 

Desgraciadamente la doctrina oficial sobre migraña potencia el error cerebral de inferencia y el individuo inconscientemente amplifica los temores cerebrales. 

La espiral de la crisis no se detiene hasta que no se hayan despejado las dudas sobre peligro. 

Generalmente el cerebro no se queda tranquilo hasta que se haya cumplido todo el ritual defensivo (meterse al cuarto oscuro, vomitar y tomarse los calmantes). Sólo entonces empieza a retirar la alarma y autoriza al individuo a volver a la normalidad. 


2019-07-25 11.12.31

Publicado por arturo goicoechea

Neurólogo. Nacido en Mondragón, Guipúzcoa, en 1946. Jefe del Servicio de Neurología en el Hospital Santiago de Vitoria (Álava), España, hasta 2011, en la actualidad jubilado. Permanece activo como enseñante y divulgador de la aplicación de la Neurociencia al ámbito de la Neurología, especialmente referida a la migraña y al dolor crónico sin daño, impartiendo cursos y charlas y, desde hace una decena larga de años, a través de su blog.

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