>Un alto en el camino

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El objetivo de este blog es reflexionar sobre la migraña desde una perspectiva novedosa no sólo alejada sino confrontada con la teoría oficial de genes y desencadenantes. 


Para mí, la migraña es la expresión de un estado cerebral de alerta, de evaluación de amenaza teórica de destrucción violenta de la cabeza. Los síntomas de la migraña se corresponden con la activación de los mismos programas que se encienden en una meningitis o en una hemorragia intracraneal. La diferencia no está en el contenido del programa sino en la justificación o no de su encendido. La migraña es una falsa alarma. Se han desplegado los efectivos y parece que al final no ha pasado nada, pero cualquier día pudiera pasar y todo hace indicar que se ha estado rozando un límite peligroso. 

El cerebro no contabiliza el error del encendido migrañoso como tal error y el individuo no tiene una explicación. Repasa la lista de pecados contra la cabeza (cubatas, insommio, ajetreo mental, viento sur… hasta cubrir la delirante lista de desencadenantes recogida por Victoria Mena en su comentario…) y al no dar con la culpa pregunta a los neurólogos (el colectivo con mayor incidencia de migrañas de la población) quienes tras comprobar que, en efecto, no ha habido mala conducta, remiten el problema a unos supuestos genes y al misterio, al poblado apartado de los padecimientos sin explicación médica. 

Un famoso médico del siglo XVII daba una receta para hacer un ratón: había que coger unos granos de trigo y una camisa sucia empapada de sudor humano , colocarlo en una caja y esperar veintiun días. 

La propuesta oficial de origen de la migraña tiene también el aire de las teorías de la generación espontánea. La migraña irrumpe un buen día, sin más. No hay proceso no hay nada previo. En definitiva se desconsidera una función consustancial a la red neuronal: el aprendizaje. 

El aprendizaje tiene su apartado de disfunción. Nadie tiene garantizado el acierto. Las posibilidades de errar aumentan, lógicamente, si se utilizan textos erróneos, doctrinas que señalan en dirección equivocada. 

La doctrina de los Reyes Magos que traen todos los juguetes que pidan los niños a condición de que hayan sido buenos coloca a un niño pobre y bueno en una insufrible situación: no tiene juguetes y eso no tiene mas que una explicación: no ha sido bueno. Buscará y rebuscará en su conducta para dar con la maldad responsable y si pregunta a los expertos le dirán que algo habrá hecho que no ha gustado a Sus Majestades. Los explicadores alternativos le dirán que pruebe con Santa Claus o Papá Noel y los de las teorías intermedias que se quedan en la tierra de nadie le harán saber que los Reyes necesitan un informe de buena conducta de su padre y que quizás por ahí vengan los tiros. 

El paciente migrañoso recibe carbón cuando pone los zapatos y también está instruido en una doctrina que interpreta el dolor como una prueba contundente de que no es bueno, de que algo malo habrá hecho contra su cabeza o que, simplemente, ha salido así… defectuoso. 

La verdadera explicación (una vez descartados sucesos actuales de lesión) es que el dolor no sólo viene de la mano del horror (daño violento) sino, con mucho mayor frecuencia, del error

El paso fundamental para librarse de la migraña es saber que esto es así y, lo que es más difícil, creérselo para actuar en consecuencia, dejando de poner los zapatos tras escribir una carta más a unos Reyes que no existen.   
 

2019-07-25 11.12.31

Publicado por arturo goicoechea

Neurólogo. Nacido en Mondragón, Guipúzcoa, en 1946. Jefe del Servicio de Neurología en el Hospital Santiago de Vitoria (Álava), España, hasta 2011, en la actualidad jubilado. Permanece activo como enseñante y divulgador de la aplicación de la Neurociencia al ámbito de la Neurología, especialmente referida a la migraña y al dolor crónico sin daño, impartiendo cursos y charlas y, desde hace una decena larga de años, a través de su blog.

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