>La lección bien aprendida

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Al hacer la historia clínica y recoger cuidadosamente los síntomas puntuales de las crisis migrañosas, su frecuencia, intensidad, duración, localización, síntomas acompañantes, desencadenantes, efecto de analgésicos etc… hago una pregunta que antaño era clásica pero que tengo la impresión de que se está perdiendo: 


               ¿»A qué lo achaca?», es decir, por qué cree usted que tiene migraña y/o por qué aparecen las crisis. 

La mayoría de los pacientes se siente extrañamente desconcertada con la pregunta. Algunos incluso muestran una leve incomodidad: 

              «yo no pienso». Me duele, simplemente. 

Insisto en la pregunta y la desmenuzo en cuestiones puntuales: 

              «vamos a ver: por ejemplo, cree que pueden influir (aunque en su caso no sea así)… 

              ¿los genes?
              ¿el tiempo?
              ¿la alimentación?
              ¿el ajetreo mental?
              ¿la contaminación? 
              ¿el alcohol, los dulces, el chocolate, el tabaco…?
              ¿dormir mal? 

La respuesta a todas estas preguntas es mayoritariamente afirmativa. Sin un énfasis especial dejo caer una extraña pregunta: 

              ¿la información, la cultura…? 

La respuesta es contundentemente negativa, con un gesto de alumno al que le han puesto una absurda pregunta de relleno en el test. 

Los pacientes tienen expectativas de dolor relacionadas con cuestiones absolutamente irrelevantes para la integridad inmediata de la cabeza (los tópicos y archisabidos desencadenantes). Sólo encienden el programa migrañoso porque están sensibilizadas por la información-cultura  migrañosa. 

El resultado no puede ser mas que un tremendo rosco en la papeleta de examen: 
       
                      » Lo siento. Tengo que suspenderle. Donde usted dice «sí» es «no» y donde dice «no» es «sí». 

Algunos investigadores de dolor han efectuado también exámenes a estudiantes de medicina y médicos hechos y derechos sobre la materia. El resultado ha sido igual de decepcionante. 

El mundo de las creencias y expectativas sobre dolor está poblado de errores de bulto culturalmente (políticamente) correctos pero biológicamente erróneos. Estos errores funcionan como seres vivos: se desarrollan creando nuevas conexiones en la red, estableciendo grupos que interactúan y dan vida a la alerta premigrañosa hasta que, cualquier día, coincidiendo con que ha salido viento sur, hemos comido chocolate, estábamos preocupados por la salud del hijo y hemos dormido poco o demasiado… tenemos nuestra primera crisis migrañosa. 

A partir de ese momento el cerebro tiene que empezar a hacer indagaciones, a distribuir las culpas entre todos los desencadenantes… 

    



2019-07-25 11.12.31

Publicado por arturo goicoechea

Neurólogo. Nacido en Mondragón, Guipúzcoa, en 1946. Jefe del Servicio de Neurología en el Hospital Santiago de Vitoria (Álava), España, hasta 2011, en la actualidad jubilado. Permanece activo como enseñante y divulgador de la aplicación de la Neurociencia al ámbito de la Neurología, especialmente referida a la migraña y al dolor crónico sin daño, impartiendo cursos y charlas y, desde hace una decena larga de años, a través de su blog.

11 comentarios sobre “>La lección bien aprendida

  1. >Doctor Goicoechea: Se ha olvidado usted de las hormonas femeninas, los anticonceptivos orales, el ejercicio físico intenso, la falta o el exceso de sueño, los días festivos, los huevos, el yogurt, las nueces, las habas, el pescado ahumado, las frutas ácidas, la salsa china, el queso, las carnes en conserva, los embutidos, los perritos calientes, el ruido, los ambientes cargados, las luces, los focos y luminosos centelleantes, los frutos secos, las cebollas, los higos, el hígado, el café, la carne o el pescado ahumado o escabechado, la luz solar intensa, los olores (perfumes, productos químicos, humo de cigarrillos), los cambios de hábitos, los cambios de zona horaria, de los ritmos de sueño o de los hábitos alimentarios, los cambios de tiempo, de estación o de presión atmosférica, las grandes alturas, las lentejas, las alubias, los pepinos, las aceitunas, los garbanzos, la mantequilla de cacahuate, las semillas de girasol, de ajonjolí, de calabaza, los aguacates, los plátanos, los higos, las pasas, la papaya, las ciruelas rojas, las sopas enlatadas, el caldo concentrado en cubos, el paté de hígado, los arenques en vinagre, la salsa de soja, la salsa teriyaki, los vinagres fermentados (de vino, de manzana, etc.), la humedad, el frío, el calor, el cansancio, la cerveza, el sexo, la gasolina, los pegamentos, los viajes en avión, el estrés, la falta de estres, el hambre, el té, las bebidas gaseosas, echar la siesta, viajar en coche o en barco, ver cine o televisión, los mariscos, la carne de cerdo, la salsa inglesa, los aguacates, los tomates, la falta de cafeina, y lo peor de todo, el caviar…Uff, agotada me he quedado (y seguro que el agotamiento está en la lista). Perdone usted la intromisión evaluativa: ¡caray qué mal hecha está la especie humana!

  2. >Victoria: se le ha olvidado citar la comida china, el glutamato monosódico. Teniendo en cuenta que existen 1.300 millones de chinos estamos ante una grave cuestión de salud pero, sorprendentemente, no parece preocupar en absoluto a los chinos pues no he encontrado ningún artículo que reflexione sobre este problema, naturalmente en China.Puede que nos engañen como a chinos…a los occidentales. Respecto a la calidad de la especie, desde el punto de vista biológico se puede considerar como una especie exitosa ya que ha conseguido el óptimo evolutivo: reproducirse (especialmente en China)

  3. >Lo sabía doctor, pero no quería crear un problema de salud pública mundial. No hay que dar ideas. Me temo que la población de China, a medida que se vaya enterando de los tremendos efectos del glutamato monosódico que consumen con habitualidad y sin problema alguno, se vayan poniendo enfermos. Basta con que sea un 1% más occidentalizado de la población ¡vaya problema!

  4. >Hola DoctorNo tengo estudios médicos ni por asomo, no se si estoy fuera de lugar en su blog, pero sí sufro de migrañas y leer su blog es casi una adicción.Leo mucho sobre los desencadenantes externos (chocolate, alcohol, falta de sueño…) y entiendo que en algún momento nuestro cerebro se equivocó y como consecuencia respondió mal, haciéndolo hábito.Mis migrañas son el 90% durante la menstruación. Mi reflexión en la siguiente:De todos los desencadenantes que se suelen nombrar típicos en la migraña (que bien lo sabe Victoria) veo que hay cierta «voluntad de elegir», es decir, por ejemplo, puedo evitar comer chocolate, realizar un ejercicio físico intenso, no tomar sol, etc., y así puedo evitar la maldita respuesta equivocada del cerebro.Pero en el tema de las hormonas y la menstruación..¿cómo enseño a mi cerebro de que no es un peligro para mi integridad y que la migraña está de más?Puedo atiborrarme de chocolate y al final no tener migrañas, pero con la menstruación no veo la salida, no encuentro la solución, yo no mando en mi bajón de hormonas todos los meses, es un «desencadenante del propio organismo» y la verdad ojalá supiera cual fue el momento en que mi cerebro percibió un peligro durante una menstruación.No se si me he explicado bien ya que, repito, no tengo estudios médicos, hablo como paciente :)Saludos y felicidades por su blog

  5. >Lulú: tenemos una enemiga poderosa: !la menstruación¡Caerá un día de estos una entrada sobre el particular. Lo que te puedo asegurar es que muchas mujeres dejan de padecer el despropósito migrañoso menstrual cuando ven el truco. La pesadilla cerebral migrañosa se desvanece cuando desarmamos la red de patrañas que nos han tejido a lo largo del aprendizaje. No hay ningún envío especial desde la zona de desprendimiento del nido vacío (por falta de huevo)a la cabeza. Lo único que sucede es que biológicamente, la menstruación es evaluada por el cerebro como una «casi enfermedad» y eso facilita la aparición del dolor. El resto lo pone la cultura.

  6. >El hecho de que no seas médico es un alivio. Los colegas están muy convencidos de que ellos son los únicos depositarios de la Ciencia y no suelen prestar atención a este tipo de charlatanerías. El organismo, efectivamente, selecciona los desencadenantes pero nosotros, con nuestro conocimiento y voluntad, formamos parte del organismo y podemos inclinar la balanza a favor de la sensatez

  7. >Gracias por su respuesta.Espero algún día encontrar ese truco con paciencia y dedicación.Ni los cuartos oscuros, ni el reposo sirven para mi alivio, al contrario, si incluso duermo me levanto aún peor. Últimamente mi úncia salida es el rizatriptan, aunque no siempre me hace efecto. Quiero prescindir de los medicamentos porque no me gustan nada.Quiero decirle también que soy epiléptica y las crisis me dan durante el sueño aunque las tengo controladas gracias a la lamotrigina. No se si la epilepsia y la migraña tienen algún tipo de relación. Desde luego para mi epilepsia tengo que llevar el tipo de vida ordenada típica para evitar las crisis, pero no me sirven para la migraña, así que supongo que son cosas que no están relacionadas, por lo menos eso dice mi neuróloga, que por cierto siempre me da las mínimas explicaciones posibles a pesar de las preguntas que le hago debido a mi curiosidad.Cada vez intento tomar menos medicación, incluso voy con migraña a trabajar porque soy una persona muy responsable, eso sí, si no vomito porque así si que es imposible ni moverse del sitio.Seguiré leyendo su blog sin duda y esperando por esa entrada que haga referencia a la menstruación.Saludos

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